miércoles, 9 de noviembre de 2011

Saudade.

Ya no recuerdo
cuál era el color de tus ojos
color café.

Si es que huir
significa ir a buscarte,
y la nostalgia es, en cierto modo,
éso mismo
pero sin querer.

A veces
todo este cúmulo de desventuras y mentiras,
de anhelos y revanchas,
de palabras
palabras
palabras
palabras
palabras
palabras
vacías








me viene grande,
y lo tiro todo por la borda
amarrado con una soga al tobillo
como un ancla de realidad.

Y de golpe y de frente me doy de bruces con la vida dulcesaladaácidaamarga
con un sinfín de epítetos desastrosos aplastados sobre el teclado
sin que de entre ellos surja nada.




martes, 10 de mayo de 2011

Esto no es justo.
Joder, que no.

Te juro que si tuviera cojones me pegaría un tiro y acabaría con toda esta mierda. En serio.

jueves, 28 de abril de 2011

me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.
me odio.

me odio tanto que.

martes, 5 de abril de 2011

Aún puedes aprovechar esa oportunidad si quieres. Y si no quieres, no estás desaprovechando nada. Es lo que se llama decidir.

lunes, 21 de marzo de 2011

20demarzo.

La noche nos oprime el corazón con este no-sé-qué de azahar en las calles mientras sentimos cómo nos van distanciando poco a poco kilómetros de asfalto mal apisonado. Nos faltó sol a mediodía, nos faltaron caricias a media tarde. Cuándo es suficiente. Nunca, nunca, nunca. Que lo haces todo tan complicado como sencillo, y me traes de cabeza con esos ojos color café de sobremesa en la cama, tratando de enredarnos en un amasijo imposible de besos, suspiros y algún que otro calentón. Al final, entre tanto remoloneo y palabras atragantadas, te dejo subir al coche, a sabiendas que el billete que compraste es de ida sin derecho a vuelta, y la calle se vuelve más serpenteante que de costumbre a medida que tu Fiat de hojalata traquetea hacia la avenida, como si se burlara de mis esperanzas de que esta noche nos encontráramos de nuevo entre las sábanas. De regreso a casa imagino verde mar las aceras, pero sólo es el reflejo del fluorescente de la farmacia de guardia esperándome con una caja de analgésicos y un botellín de cerveza para llenarme el vacío de las aurículas como cada domingo a las nueve. Porque los miedos son eso que ves cuando te sientes solo; otra vez vuelvo a decir que te quiero, joder, no sé decírtelo de otro modo. Que el sabor de la vida lo descubrí en tus labios, y ahora todo lo demás me resulta insípido.

miércoles, 23 de febrero de 2011

blow your mind.

BLOW YOUR FUCKING MIND.

lunes, 14 de febrero de 2011

todos necesitamos que hagan locuras por nosotros de vez en cuando.

viernes, 28 de enero de 2011

En el pecho palpita un temor anquilosado que clava sus uñas en alguna parte entre los pulmones y el corazón; es sólo su presencia, su aliento de alquitrán y dudas, lo que me hace estremecer ahora bajo estas sábanas tan vacías de ti. Lo llevo como constante de esta ecuación de tres al cuarto en que a veces nos convertimos, de bares de carretera y baños de baldosas pintadas contra las que empujo los celos, los celos de escuchar tu voz y no poder tocarla, tan lejos estás, tan lejos te siento, mientras otros, y otras, se mueren de ganas y tú, mientras, te dejas. En las ventanas bailaban letras blancas, que alguna vez fueron naranjas, y otras violetas, y yo ya no distingo cuáles hablan de mí y cuáles de mí antes de ti. Tú te sonríes cuando hablo de no sé qué espiral y tantas otras banalidades de invierno, sin comprender del todo bien, y te muestro el alma blanca apuntándome como prueba del delito. Las promesas que jamás me atrevería a romper atadas con las preguntas que tengo miedo que respondas, como un racimo de consecuencias, de reacciones de mi cuerpo a tu saliva. De tantas veces que lo repetí dejaste de analizar el significado de mis palabras, tú no lo entiendes. Pero yo lo sé, ya no es sólo una intuición muda. La certeza de que no combatiré en algunas guerras porque no puedo dejar de pensar en tus ojos. Paralizada. Crystalised.



(so don't think that I'm pushing you away.)

martes, 11 de enero de 2011

trust.

No tengas miedo, pequeña, todo pasará.
Te lo prometo, te lo prometo.

O eso espero.

martes, 16 de noviembre de 2010

donde escapan las palabras.

Muero por ti cada noche que no te tengo entre mis sábanas, igual que la primera vez, con la luz de la mañana que aún nos sabía a resaca dibujando elipses sobre tu pecho, las miradas de soslayo acallando todo aquello que tal vez podríamos habernos dicho pero que preferimos ignorar. Tú no lo sabías, yo hubiera querido no saberlo. Así estábamos nosotros. Toda aquella complicidad, el contacto premeditado a la vuelta de la esquina como si no se tratara más que de un juego extrañamente acogedor, dolorosamente frágil. Después se convirtió en una vorágine donde el tiempo le mordisqueaba las orejas a las ganas, donde las palabras no eran más que un inútil amago de necesidad mal disimulada. Pero nos gustaba así. Siempre pensé que eras de los que se pintan garabatos en los brazos porque no tenías cojones de tatuarte nada que durase eternamente, y aquí estás, conmigo cada día, para recordarme que los prejuicios son mi perdición. Conmigo.
Ahora guardo el vacío de tu ausencia cerca del pecho para que no se me escape ni un ápice de ti (incluso cuando me dueles), mientras descuento las horas hasta que volvamos a vernos. A veces es como un nudo en el estómago, y otras se parece más a la incertidumbre de todas las odiseas e ilíadas que cada tarde me convierten en tragedia de héroe que sabe dónde está su casa pero que no vuelve. Y empujo las ganas contra un rincón mientras intento no soltarme de la cola del saber que sigues, que seguirás* ahí (dondequiera que éso sea) cuando llegue mi autobús. De nada sirven las canciones para la distancia si no quiero dejar de echarte de menos, si me acojono ante el vértigo de estar viva cada vez que no duermes conmigo, pero lo intento, de verdad que lo intento: recordar cada segundo que me abrazas y sólo deseo morirme a tu lado para poder seguir así para siempre.
Ya ves, sólo tengo palabras, y a veces incluso hasta ellas me fallan y me encuentro llenando de silencios rojos la habitación, pero tú me comprendes, y sólo sonríes como si quisieras enseñarme de paciencias que ya me sobran. Así que me empeño en que tendría que inundar todo esto de faltas de ortografía para que se parezca remotamente al segundo anterior a haberte querido, pero que nadie entendería esa imperfección, y al fin y al cabo no es más que otra excusa barata. Que después de todo sólo sería como cuando abres los ojos después de un orgasmo y todo está igual,
pero mucho más blanco
y mucho más frío.
Dejando a un lado metáforas y retoricismos paradójicamente empañados de ambigüedades, y rechazando mis tres palabras favoritas, me descubro débil ante tus ojos, íntegra, plena, con las ganas rebosándome en la garganta y estallando en mis retinas.
Porque razones tendremos todos, pero yo muchas más que vosotros.

viernes, 10 de septiembre de 2010

you make me so fuckin' sick.

miércoles, 25 de agosto de 2010

sobre por qué adoro el verde y odio los estrógenos.

Que lo sabías incluso antes de que aquella idea llegara a posarse siquiera en mi pensamiento, un pálpito quizás. Será esa extraña hiperconfianza (como tú la llamas y como yo la siento) que nos mantiene unidos, a veces como los polos de un imán, a veces como dos gotas de agua en un océano inabarcable; será por eso que ni el tiempo ni la distancia consiguen borrar ni el más mínimo resquicio de tu presencia. Será por eso que no les dejo. Cada día, con cada respiración, aquí conmigo. Esta empatía, esta afinidad de sentimientos que somos incapaces de transmitirnos, paradógicamente, porque el nuestro es un sentimiento único e incomparable; cuando nos robamos las palabras, o cuando las desechamos a cambio de una mirada que nos cuente las cosas infinitamente mejor de lo que un puñado de fonemas podrían hacerlo jamás.

Que siempre estás ahí aunque no estés, y sabes cuánto significa eso para mí. Que vengas a salvarme cuando los demás, incluso yo, ya hemos tirado la toalla.

Que yo me he equivocado mil veces, y tú otras tantas, pero a estas alturas de nada sirve llevar la cuenta de los errores si el reloj corre en nuestra contra. Que has sido el único que me ha enseñado que aunque te abran el pecho y te dejen el corazón en carne viva aún se puede perdonar.

Que me quedes tú, siempre.

miércoles, 4 de agosto de 2010


(hablar en plata y fumar en claro,
dime que es la primera vez que te duelo)

jueves, 1 de julio de 2010

A que alguien te diga: "te he estado esperando toda la vida y ahora es otra la que está a tu lado", y sea yo esa otra, que para todos los espectadores sería la mala de la película
A que un día despiertes con mis costumbres encima, mi rutina debajo, mis manías rodeándote, y te asfixies de mí anhelando una vida que no supe darte.
A que en la próxima cerveza sonrías a una inquieta desconocida y yo me quede en blanco pensando cómo volver a extraer de ti esa misma sonrisa.
A que se queme un día el calendario y aceche tras él la fatiga de tus veinte años de promesas aún por cumplir.
A que pienses que el pesimismo de estas palabras es un pronóstico de naufragio en vez de un achique de dudas que practico conmigo misma para que así jamás se hunda el barco.

Y es que a los miedos, insisto y añado, hay que darles desorden y poesías, hay que atajarlos poniéndolos sobre la mesa, descifrarlos con palabras, asumirlos, y vivir cómo si ahí no estuvieran.
Si miras en las cajoneras verás restos que escondí para que no los vieras. Me conoces, y sabes que es algo que llevo conmigo; sólo alguna vez, y muy de vez en cuando, los saco a relucir miserias.
Pero sólo alguna vez.
Y sólo muy de vez en cuando.
Después, ahora, vuelvo a cerrar la cajonera, c’est fini , y voy a buscarte a la salida del trabajo, que a mi casa le faltan caricias y abrazos.

miércoles, 9 de junio de 2010

Callaos, callaos todos de una puta vez.
Que no puedo más.
Que necesito alguien en quien confiar plena y ciegamente, que me desate este nudo que me asfixia, que me destroza. Necesito que alguien me comprenda, que esté ahí. Sólo eso.
Es la una de la madrugada, y hago recuento de conversaciones. Y me muero lentamente, de dentro hacia fuera, pero nadie lo sabe porque nadie me ha escuchado. Nadie. Me estoy quemando a solas, porque es demasiado sencillo mirar hacia otro lado.
Por favor, por favor.
Necesito a alguien que me salve de mí esta noche.
Joder.

jueves, 3 de junio de 2010

Por qué.
Estás sola, me cago en la puta, jodidamente sola, y soltar un puñado de palabras hostiles no va a hacer que te sientas mejor.
Estás sola, porque resulta que no hay nadie ahí cuando realmente lo necesitas, que te tienes que comer tus problemas uno a uno y en silencio, encerrada en tu cuarto a oscuras porque como abras los ojos y te des cuenta de que sigues en esta habitación de mierda vas a reventar.

Venga ya. Parece mentira. ¿Es que tengo que gritar más fuerte? No, ya no puedo más.
Por favor, escúchame. Tú nunca vienes a salvarme, y últimamente no soy capaz de salvarme sola. Joder. Que un día lloraré para ti y se te caerá el mundo a los pies. Te lo juro. Ya está bien de lágrimas ahogadas contra la almohada, de respiración entrecortada y palpitaciones anónimas. Que aunque no lo veas, existe.
Joder.
Joder.
Joder.
Que necesito vomitarme y ni siquiera las letras me calman. ¿Dónde están esas líneas que me vaciarán, que tienen que arañar todo lo que tengo dentro? Dónde. Volved, ahora. Quiero clavaros en un puto papel, repasar vuestro contorno una y mil veces hasta que no seáis más que un borrón de tinta azul. Y después dormir.
Mierda.



Tranquila, por favor. Tranquila.

lunes, 31 de mayo de 2010

que quizás cuando decidas volver yo ya no esté aquí esperando.

jueves, 27 de mayo de 2010

Odio las canciones que hablan de mí.

miércoles, 26 de mayo de 2010