jueves, 14 de enero de 2010

Noviembre camuflaba con cafeína las horas de insomnio, y los agujeros del pecho, pero realmente nunca se le dio demasiado bien disimular las cicatrices del tiempo y la distancia. Ni el vacío entre las sábanas.

1 comentario:

Miguel Aguilera dijo...

Supongo que a nadie se le da bien. A veces solo fingimos que es superable pero en la intimidad de nuestra soledad nos damos cuenta que es solo un camouflage. Después, todo es cuestión del tiempo.